Jueves, 1 de febrero de 2018

EDITORIAL FUENLABRADA: La estrategia, para Sergio

Contundente, aunque no apabullante, ha sido la victoria de Cristina Cifuentes en la pugna por la presidencia del PP de Madrid. Por lo menos no tan apabullante como estábamos acostumbrados, pues Cifuentes ha vencido a su rival, Luis Asúa, con un 86,38% de los votos; cuando sus antecesores superaron ampliamente la barrera del 90%. Victoria menos apabullante aún si se toma en consideración que el resultado en los distritos de la Capital –donde los líderes de las sedes populares no suelen ser cabeza de candidatura para su circunscripción y, por tanto, no dependen del aparato para renovar su poder local o su candidatura— ha sido del 76,5%.

Cierto que eran las primeras elecciones donde los afiliados al PP madrileño, previa inscripción y puesta al día de cuota, podían votar directamente a su presidente. Y este hecho, el del voto directo, es preciso reconocérselo a la nueva Presidenta del PP Madrileño, que ha tenido el coraje y la convicción de introducir métodos más democráticos a la hora de elegir al líder popular regional. Pero no es menos cierto –véase, si no, el caso de Manuel Cobo contra Aguirre— que quien controla el Gobierno de la Comunidad de Madrid y el aparato del Partido, y además goza de las bendiciones de la Séptima Planta de Génova 13, tiene todas las de ganar. Queda aún, pues, un buen trecho que recorrer para perfeccionar la democracia interna en el Partido Popular.

Con todo, la victoria de Cifuentes es indiscutible, y no se trata aquí de regateársela, sino de reconocérsela en lo que vale y en lo que significa como primer ensayo de genuina democracia interna en la casa popular madrileña. Sin embargo, la prueba de que al PP –y también al resto de partidos que conforman la democracia española—les queda aún un largo camino por recorrer es cómo los ganadores gestionan su victoria. No es necesario extenderse en ejemplos, baste recordar que Barack Obama nombró a Hillary Clinton, su acerba rival en la disputa por la candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata, Secretaria de Estado; cargo que es, tras el de Vicepresidente, el más importante del Gabinete norteamericano. Una muestra palpable de que, en las democracias más avanzadas, se tiende siempre a contar con los mejores, aunque dentro del partido sean o hayan sido adversarios.

No podemos, por desgracia, decir lo mismo de la democracia española y, particularmente, de la democracia interna en los partidos políticos españoles. Las pugnas por el liderazgo rara vez están exentas de purgas, vetos y ostracismos. El caso más evidente es el de Podemos –¡y eso que presumen de ser la “nueva política”!—aunque tampoco cabe desdeñar el baño de sangre que se avecina en el próximo Congreso del PSOE. Desperdicio irresponsable de capital humano que los partidos políticos españoles no deberían permitirse, so pena de ahondar la brecha de desafección e indiferencia con que los españoles miran a su clase política.

Y no crean que el PP se libra de esa refriega de aparatchiks donde lo único que cuenta es hacer la reverencia o manifestar la adhesión inquebrantable al líder indiscutible en el momento oportuno, para conservar o adquirir un escaño de diputado, de senador o de concejal. Una refriega donde el mérito, la capacidad e incluso la lealtad resultan derrotadas por el oportunismo de quienes sólo saben y sólo se ocupan de hacer una cosa: correr en auxilio del vencedor a cambio de un plato de lentejas.

¿Cómo, si no, se explica, por ejemplo, que David Pérez, el Alcalde popular más importante de la Comunidad de Madrid, no tenga ni un puesto ni ninguna responsabilidad en el nuevo Comité Ejecutivo de Cristina Cifuentes, cuando llegó a ser portavoz del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid? ¿Y cómo se explica que Sergio López, el protagonista de uno de los mayores fiascos electorales que ha padecido el PP en la Comunidad de Madrid –el PP, en Fuenlabrada, pasó de 11 concejales a 5— haya sido premiado nada menos que con la Secretaría de Estrategia Electoral en el nuevo equipo popular de la Comunidad de Madrid? Es, sin duda, un misterio que habrá que confiar a Iker Jiménez, de “Cuarto Milenio”, para que nos lo desentrañe. A no ser que la nueva dirección del PP considere que, tras el estacazo electoral del PP en Fuenlabrada –y eso que el PP estaba, y sigue estando, en la oposición—Sergio López haya aprendido tanto de sus errores que hoy pueda dar lecciones de lo que nunca hay que hacer para ganar unas elecciones.