Jueves, 1 de febrero de 2018

EDITORIAL GETAFE: Sara, y el pincho de tortilla

La leyenda dice que Fernando de los Ríos, eximio catedrático socialista, varias veces ministro en la República y víctima del sectarismo de los vencedores de la Guerra Civil, en una de sus campañas electorales por la circunscripción de Granada, dirigió la siguiente alocución en un mitin dado en uno de esos pueblos de postal de la Andalucía profunda: “Campesinos, ¿qué queréis?”. Los humildes agricultores de la localidad granadina respondieron con retranca, según contaban los que hace algunos años todavía conservaban memoria de esos tiempos, “¡Tres cosechas!”. Y, al parecer, el candidato respondió “¡Concedidas las tres!”.

Apócrifa o no, esta anécdota de uno de los grandes políticos y pensadores españoles del primer tercio del siglo XX —fue el que le arrancó a Lenin la confesión de la verdadera naturaleza de su régimen en una entrevista personal que el emérito socialista reflejó en su Mi viaje a la Rusia Soviética (1921), libro siempre recomendable, cuando le lanzó al nuevo Zar totalitario la pregunta del millón: “¿y la libertad?”, a lo que respondió Lenin “¿libertad para qué?”— ilustra a la perfección que de la tentación populista y demagógica no se libra nadie… que quiera conseguir un escaño o una victoria electoral.

Estamos en Getafe, en el año de 2017, ochenta y cinco años después, como mínimo, de esas campañas electorales de Fernando de los Ríos, quien luchaba como podía por su escaño granadino. Sin embargo, qué difícil es comparar a Fernando de los Ríos, quien recomendó vivamente tras su experiencia soviética –y consiguió— sacar al PSOE de la III Internacional, con Sara Hernández, ese asteroide errante, exestrella emergente, que si pudiera apostaría a la vez por los tres contendientes a la Secretaría General del partido en el que militaron, dignísimamente, grandes profesores e intelectuales como el propio Fernando de los Ríos o Julián Besteiro.

O, tempora, o mores, que diría Cicerón contemplando, ante las audacias criminales de Catilina, la decadencia de la política, de los políticos y de lo político en el tiempo que le tocó vivir. Porque una cosa es conceder en vano, con retranca, y ante el cachondeo consciente de la concurrencia, cosas inverosímiles –como las tres cosechas que demandaban, en vano y a sabiendas, los votantes de Fernando de los Ríos hace 85 años— y otra muy distinta es prometer que en un mismo espacio antes dedicado a cursos y clases gratuitas para los vecinos de Getafe iban a coexistir las mismas actividades amén de una magnífica biblioteca, con todos los servicios y todas las bendiciones.

Los voluntarios que daban esas clases, tras meses de parón por las obras que se justificaban por esa nueva biblioteca pública, se encuentran con que los espacios en los que daban las clases –por las que no cobran ni un céntimo de euro y de las que se benefician cerca de un millar de vecinos—se han visto reducidos a la mitad, sin insonorización, sin medios y sin que su humilde opinión haya sido consultada a la hora de acometer las obras. Pero no crea el lector que, a cambio de la reducción de los espacios que los voluntarios utilizaban en beneficio de los vecinos de Getafe, los getafenses podrán disfrutar de una nueva biblioteca. Ni mucho menos. Fernando de los Ríos, y sus votantes, eran plenamente conscientes de que no era posible obtener tres cosechas en un año.

Sin embargo, Sara Hernández, ese frío asteroide en busca del calor de un astro mayor, creyó que podría cuadrar el círculo gastando unos euros en una remodelación con foto sonriente –se lo permite ese superávit presupuestario que, como ya señalamos en el caso de Leganés, es más déficit político y de capacidad de gestión que de virtud administrativa—pasándole la patata caliente a Cristina Cifuentes y el ejecutivo autonómico. Yo hago la obra, y que la Comunidad de Madrid me pague la gestión, los libros, los sueldos de los funcionarios, el mantenimiento… etc. Lo que en Román paladino viene a equivaler a lo siguiente: vamos a tomarnos unos pinchos de tortilla, yo –Ayuntamiento de Getafe—pongo los palillos, y tú –Comunidad de Madrid—pones la tortilla. Y si no lo haces, haré una campaña político mediática culpando a la Comunidad de Madrid de que no tiene el más mínimo interés por la cultura. Muy bien, Sara, has demostrado que dominas el arte de elevar el tiro y de eludir tus responsabilidades. Tú pones el palillo, y la Comunidad de Madrid la tortilla… ¿y a los voluntarios, y a los vecinos que se benefician de sus desinteresados esfuerzos, quién les defiende? ¿Será Susana, será Pedro o será Patxi?