Miércoles, 4 de julio de 2018

EDITORIAL LEGANÉS: Otra más del sicofanta

Ya tratamos en el editorial del 2 de marzo el caso del sicofanta de Leganés. Un personaje que parece de tebeo pero que, sin embargo, es de carne y hueso, habita entre los pepineros y vive de sus impuestos. Es también conocido como el superhéroe vecinal, dotado de asombrosos superpoderes como tener la cara de hormigón armado y la moral de uno de esos fariseos que condenaron a Jesús de Nazaret.

Lo cierto es que el personaje, si fuera de tebeo, al estilo de Súper López, daría para muchas carcajadas y para muy buenos ratos. El problema es que el personaje es real, se sienta en el salón de plenos del Ayuntamiento de Leganés y trata de justificar los 60.000 euros anuales que cobra escribiendo pésimas novelas de cine negro por entregas, donde el papel de los malos lo representan siempre sus adversarios políticos. Pelotazos, ladrilleros, contubernios, turbiedades, conchabeos, extorsiones, palizas y mezquindades son el monótono repertorio de conceptos con los que construye sus delirantes tramas. Y esto también sería motivo de carcajada, en la medida en que todas sus novelas, de las que suele hacer entrega al fiscal o al juez de guardia, acaban en el archivo o en la papelera.

Sin embargo, la cosa no tiene ninguna gracia porque el sicofanta guionista necesita destruir reputaciones y honorabilidades de personas concretas, de carne y hueso, para escribir sus bodrios, como Drácula la sangre de sus víctimas. Ya tratamos el caso de Luis Martín de la Sierra, el Concejal de Cultura y Festejos, que tuvo que arrastrar durante meses el sambenito de imputado por prevaricación y malversación mientras el juez terminó de leerse, y archivar en la P, el infumable bodrio que el sicofanta le presentó.

Y también advertimos que habría nuevas víctimas del de la cara hormigonada. La última, por ahora, ha sido el portavoz del PP en el Consistorio leganense, Miguel Ángel Recuenco; aunque para la ocasión, según afirma la víctima, el superhéroe vecinal contrató a un “negro” literario. El guion, esta vez, iba de palizas a periodistas que informaban con incorruptible rigor y con grave riesgo para su integridad física de las terribles tropelías de un señor que está en la oposición y que no tiene firma ni responsabilidad de gestión. Según parece, en el juicio, fiscal y juez tuvieron que contener las carcajadas por lo absurdo, incoherente y malintencionado de la trama, que pretendía ser de novela negra, no de comedia.

Afortunadamente, las víctimas de los bodrios literarios publicados por la editorial ULEG comienzan a revolverse y a reaccionar en defensa de su honor. Ahí tenemos la denuncia presentada por Martín de la Sierra contra el sicofanta ante el Colegio de Abogados de Madrid por publicar ilegalmente, una vez sobreseído el caso, la declaración del edil de Cultura y Festejos, cuando no existe posibilidad legal de que Delgado pueda haberse hecho con ella. Y también tenemos la querella por denuncia falsa, presentada también por Martín de la Sierra, contra el sicofanta y su cuadrilla, a cuyo acto de conciliación, extrañamente, el superhéroe vecinal no se presentó, a pesar de su fuerte querencia y afición a los juzgados.

Por otro lado, Miguel Ángel Recuenco, con muy buen criterio, impulsó la aprobación de una Comisión de Investigación sobre el increíble –y esta vez, real— caso del Sr. Almagro, quien hizo saltar la banca de las cotizaciones a la Seguridad Social por cobrar del Ayuntamiento “sólo” el 80% de la dedicación exclusiva para seguir trabajando en su empresa, mientras que el sicofanta entretenía al personal escudriñando el menú del día del Alcalde. Sin embargo, la Comisión no acaba de arrancar. ¿Por qué? ¿Tiene miedo acaso el Alcalde a que el hormigonado superhéroe le dirija uno de sus bodrios literarios? ¿Tiene algo que ocultar? ¿Es que teme que su reputación padezca aún más de lo que está padeciendo? Desde aquí nos atrevemos a dirigirle un consejo: el apaciguamiento no es una opción frente a quienes buscan, como objetivo primero y último, la aniquilación del adversario. Recuerde lo que ocurrió después de los acuerdos de Múnich en 1938. Y si no, prepárese para otra del sicofanta de Leganés.