Jueves, 1 de febrero de 2018

EDITORIAL PINTO: Regreso al pasado

Antonio García Trevijano, protagonista de los primeros pasos de la Transición, y olvidado después por todos aquellos que la han usufructuado en su propio beneficio, es uno de los pocos pensadores políticos dignos de tal nombre que quedan en España. Y probablemente el único teórico y defensor serio de la forma política republicana que hay en nuestro país.

Quizá por eso, por su seriedad, sabiduría y coherencia, ninguno de los que se autoproclaman republicanos y exhiben la horrorosa bandera tricolor –un invento de Pi y Margall, que quiso añadir al rojo y al amarillo de la bandera de España el color rojo de un antiguo pendón de los Comuneros de Castilla degradado a morado por el paso de los siglos—se atreven a citar a Trevijano y sus libros. Y también porque, al izar o agitar la tricolor, lo que reivindican no es una república democrática y liberal, sino una república soviética.

Pero, sea como fuere, lo cierto es que el debate sobre la forma de Estado –monarquía o república—se encuentra entre las últimas prioridades y anhelos de los españoles y de los pinteños, quienes comprobaban con asombro cómo el pasado 14 de abril los ediles de Ganemos Pinto, que gobiernan desde mayo de 2015 con la complacencia del PSOE, izaban la bandera tricolor en el municipio. ¡Qué coraje el suyo! ¡Qué elocuencia! ¡Qué poder de persuasión!

No obstante, y después de tan heroico despliegue, los pinteños se hacen varias preguntas. Las familias convertidas a su pesar en okupas de las viviendas sociales que tenían adjudicadas y cuyo alquiler no les ha sido renovado, ¿a qué deben achacar su desgracia? ¿A la República de 1931, o a su ausencia? El juzgado que ha tumbado la decisión de Ganemos Pinto de no subvencionar cinco plazas de la residencia de mayores, ¿lo ha hecho por la República de 1931 o por su ausencia? El retraso en las obras del skatepark, ¿se debe a la República del 1931, o a la ausencia de ella?

Y, en general, para camuflar las constantes chapuzas y maniobras filibusteras de la marca blanca de Podemos en Pinto –como la de arrogarse en exclusiva la bajada del IBI que estaban negociado con la oposición— ¿es necesario que Rafael Sánchez se subiera en el De Lorean de Emmet Brow camino del 14 de abril 1931, para robar una bandera tricolor con la que, de regreso al presente, cubrir sus futuras vergüenzas? Parece ser que sí, pues la opción de los que no tienen futuro y no saben qué hacer con el presente es vivir permanentemente en el pasado.